sábado, 17 de noviembre de 2018

SuperGlue #1


Capítulo 1

El día estaba encapotado y el cielo que comúnmente era de un azul alegre se había tornado gris y melancólico, pronosticaban lluvia pero aún los Dioses no habían empezado a llorar.

Maya corría con todas sus fuerzas, las lágrimas a penas le dejaban ver por dónde iba y eso hizo que se tropezara. Finalmente llegó al sitio donde todos se solían reunir: la orilla del río el cual estaba en medio del bosque, a las afueras del pequeño pueblo donde residían, el único lugar que no estaba en ruinas. Todos estaban tristes, pues sabían perfectamente lo que pasaba.

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—¿Estás bien...? —Le preguntó Olga mientras se acercaba a ella para secarle las lágrimas y mirar si se había herido.— Siento lo de... —Añadió con un nudo en la garganta, sin poder terminar la frase.

—Eres una llorica. —Hugo la señaló y se rió de ella.

—¡Y tú retrasado! —Le gritó Leo y se formó una mini discusión entre ellos.

—Qué insensible... —Le echó Lara en cara a Hugo, y las tres niñas se abrazaron con la mirada entristecida.

—Mi padre... El médico dijo que ya no... —Dijo por fin ella, gritándole al viento, derramando lágrimas a diestro y siniestro.— Por qué... ¡¿POR QUÉ TUVO QUE SER ÉL?!

Los pájaros salieron despavoridos de las copas de los árboles al oír tal chillido.

—...Me duele el pecho... —Añadió tras un profundo silencio que nadie se atrevió a romper.

Al oír esto Hugo y Leo se callaron y pararon de pelearse. El resto se acercó a abrazarla también. Ella se secó las lágrimas y puso su mano en el pecho dramáticamente.

—Nos vamos del pueblo... Aquí ya no nos queda nada... —Prosiguió.

—También he oído decir a mis padres algo sobre mudarnos lejos mientras recogíamos todo lo que no se había roto... —Comentó Javier, con la mirada en las grises nubes.

—Todos... Nos vamos... —Soltó Adam, con un fino tono de voz.

Comenzó a llover. Los niños no podían más con su pesar. Aquella semana había sido horrenda para ellos. Muchos incluso aún tenían heridas. Sus familias tuvieron que huir de su amado pueblo, donde habían crecido y vivido felizmente, por culpa del terrible terremoto que dejó en ruinas todo lo que conocían y les obligó a volver tras una semana a por los restos de sus anteriores vidas. Pero por mucho que quisieran, ni el SuperGlue más fuerte podría arreglar nada a esas alturas. Algunos perdieron más que otros... La cuestión es que sabían que sería la última vez en mucho tiempo que estarían todos juntos.



—¿El pueblo dejará de ser un pueblo? —Soltó Marcos sin un sentido concreto, pero sorprendentemente el resto lo entendió.

—Dejó de serlo hace unos días... —le contestó Maya.

—¿Y cuando volveremos? —Preguntó el iluso de Lucas.

—¿No lo entendéis? Nunca... —Oliver miró al suelo y sus ojos, que habían estado secos durante aquellos minutos, comenzaron a empaparse.

—Pero... Yo os echaré de menos... —Javier se levantó y se puso a caminar hacia el río para que sus amigos no vieran la expresión de tristeza que tenía en su cara.

—Y yo... —Lara le siguió para consolarle poniendo la mano en su hombro.

—¡No me lo creo! ¡SEGURO QUE LA RECONSTRUYEN! —Hugo le pegó una patada a un árbol.

—A ver, subnormalito, ¿qué te ha hecho el árbol a ti? —Leo, como siempre, intentaba calmar la situación con una broma. Pero fue demasiado incómoda en aquel momento.

—No creo que se molesten en reconstruir un pueblo tan pequeño. —Espetó Oliver con aire entristecido.

—Tiene razón... —Asintió Olga.

—Oye —Todas las miradas fueron a Adam, que siempre estaba callado.— Esta es nuestra última tarde juntos, aprovechémosla...

Y dijo algo que nadie se esperaría oír, pero en el fondo tenía razón. Pasaron sus últimas horas juntos hablando e intentado distraer a Maya de lo ocurrido, pero no lo consiguieron, fue una tarde francamente triste. Siendo sinceros, el pesar que una muerte provoca no lo cura ni el mismísimo Tiempo. Cuando ya anochecía, todos estaban desganados, pero sacaron fuerzas para despedirse del resto con una sonrisa, o media sonrisa, o una triste sonrisa falsa...

—Chicos, necesito que me prometáis algo. —Olga se acercó a todos, hicieron un círculo y puso la mano derecha en el centro.

—¿Qué cosa? —Preguntó intrigado Lucas, que hizo lo mismo, y puso su mano encima de la de Olga. Todos los imitaron.

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—Que nunca nos olvidaremos. —Terminó la frase por fin.

—¡Y si lo hacemos, que se pare el mundo! —Hugo les sonrió, fue una sonrisa tan sincera, que al verla todos se pusieron a llorar.

—Bien dicho... —Contestó Marcos, los demás asintieron con la cabeza, y minutos después se fueron a sus casas, aunque sus corazones seguían juntos... Y lo seguirían estando... O eso pensaron...

9 AÑOS MÁS TARDE

Javier se levantó a las 7 y media, como todas las mañanas, su cerebro le despertaba a la misma hora. Se duchó y se vistió, luego bajó a desayunar. Estaba solo en casa porque sus padres se habían ido de viaje y su hermana estaba con sus abuelos así que él mismo se hizo unas tortitas con mermelada de frambuesa y sirope de chocolate.

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Aunque sentía un aura extraña en el ambiente, no oía ruido en la calle, pensó que se habría levantado antes de tiempo, pero al intentar mirar el reloj de la cocina se percató de que daba las 6 de la mañana, tal vez se había averiado. Encendió la televisión pero la pantalla se quedó gris y con un sonido ensordecedor, así que la apagó. Fue a mirar su móvil y vio que le faltaba batería así que lo dejó cargando.

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—Que raro... —Pensó en voz alta e hizo una pequeña pausa.—Bueno, hora de irse.

Cogió su mochila y abrió la puerta, pero lo que vio, le impactó tanto que ésta se le cayó al suelo: Los coches estaban parados, las personas petrificadas en pleno movimiento, no había ni un sonido, ni siquiera los pájaros cantaban, pues los animales tampoco se movían. Era como una ciudad desierta, que no estaba desierta.

Caminó entre la gente, entre los coches, pero no halló respuesta alguna a las miles de preguntas que le rondaban la cabeza.

—Genial... ¡JUSTO HOY QUE TENÍA EXAMEN DE MATES! Si lo sé no estudio... —Se sentó en un banco pensativo, pero no concluyó nada, la situación le superaba y desconcertada, pues el mundo parecía haberse parado ante sus ojos.

CONTINUARÁ...

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